Joludi Blog

Sep 9
Tanmateix.
En Mallorca, como en tantos otros lugares, el tema del idioma es ahora un asunto candente. Pero aquí por partida doble. De un lado, está la habitual tensión en relación con el castellano, común por lo visto a todos los territorios que aún, tres siglos después, se sienten damnificados por Felipe V y sus leyes centralizadoras. De otro lado, también está la dialéctica mallorquín/catalán, que no es menos peliaguda. Pero estas tensiones las percibes si lees los períodicos locales. Si te limitas a vivir, no hay mucho rastro de ellas. La verdad, cuando voy a comprar ensaimadas en el “Forn de Campos” de Can Picafort, las camareras no me comentan las consecuencias de los Decretos de Nueva Planta. Una lástima, porque me gustaría.La verdad, es que a veces uno tiene la tentación de pensar que el idioma más hablado en Mallorca y sus costas es, burla burlando, el alemán. Mi experiencia es que hay muchos establecimientos en la enorme bahía de Alcudia en los que cuesta cierto trabajo que te entiendan bien si no hablas ese idioma. Naturalmente, eso no es ningún problema. Hay por lo general mucha profesionalidad en la gente que atiende esos bares y restaurantes y saben cómo hacer para entenderse perfectamente contigo y con tus euros, aunque tu idioma materno sea el swahili. Las disputas lingüisticas pierden mucha virulencia por lo general cuando entran de verdad en juego los intereses económicos. En Mallorca, tierra de paso y de comercio durante milenios, eso es un dogma.Como es lógico, en la Mallorca rural, en sitios como Sa Pobla o Sineu, pongamos por caso, todo el mundo habla naturalmente mallorquín. Y a mí me encanta cómo lo hacen. Suena fuerte, gutural, lleno de musicalidad, con una entonación que a veces me recuerda al dialecto de los sicilianos o los calabreses. Muy distinto del catalán que escucho en Reus, por ejemplo.Yo, como siempre hago, trato de aprender algunas palabrejas o expresiones locales. Intento memorizar las frases o términos que a mi modo de ver mejor sinteticen el alma local, su especial forma de pensar. Usadas en el momento adecuado, suelen hacer maravillas.Por ejemplo, he aprendido a decir, “Ja diré coses”, esto es, “ya te diré algo”. Esto es una frase estupenda que los mallorquines utilizan para indicar, indirectamente, que no tienen el menor interés en proseguir una negociación o avanzar en discutir los términos de un trato. Es deliciosamente sutil. Muy propia del estilo indirecto de pensar y de hablar que los siglos han forjado en pueblos como el mallorquín, tan expuestos a las tribulaciones de la Historia. Otra frase muy útil y muy mallorquina es “no havíem quedat en res”, o sea, “no habíamos quedado en nada”. Es super útil para ir “navegando” por la vida, sin que nadie pueda reprochártelo y sin incurrir en ningún compromiso, como un buen marinero de la prestigiosa Escuela Náutica Mallorquina. También conviene aprender, si se quiere captar a través de los idiotismos el alma del mallorquín, la expresión “i ara aqueix que vol!”, o sea, “¡ahora qué será lo que quiere ese!”. Es una frase que viene muy bien para expresar desconfianza y cierto desprecio orgulloso hacia las pretensiones de los otros. Esto es extremadamente mallorquín.Me gusta muchísimo también la expresión genuinamente mallorquina de “passar pena”, que simboliza esa especie de melancolía controlada y nada dramática muy propia de los isleños. Es un enfoque genial. Lo paso mal, pero saldré de esta.Sin embargo, mi favorita entre las expresiones mallorquinas es sin la menor duda, el fabuloso “tanmateix” que significa algo así como “qué le vamos a hacer” o “tanto da”. Es expresión fantástica porque simboliza a la perfección el alma fatalista y deliciosamente resignada que tiene esta isla en la que tanta impronta han dejado los musulmanes. Esa sabia resignación con la realidad de la vida es el factor clave para que esta isla se haya convertido en la isla de la calma y la felicidad.Una felicidad tan intensa y “atmosférica” que es casi insoportable, como le prevenía con mucha razón Gertrude Stein a Robert Graves para disuadirle de venir a vivir a Mallorca. Pero seguro que Graves le contestó a la Stein con sabiduría mallorquina: ¡tanmateix!

Tanmateix.

En Mallorca, como en tantos otros lugares, el tema del idioma es ahora un asunto candente. Pero aquí por partida doble. De un lado, está la habitual tensión en relación con el castellano, común por lo visto a todos los territorios que aún, tres siglos después, se sienten damnificados por Felipe V y sus leyes centralizadoras. De otro lado, también está la dialéctica mallorquín/catalán, que no es menos peliaguda. Pero estas tensiones las percibes si lees los períodicos locales. Si te limitas a vivir, no hay mucho rastro de ellas. La verdad, cuando voy a comprar ensaimadas en el “Forn de Campos” de Can Picafort, las camareras no me comentan las consecuencias de los Decretos de Nueva Planta. Una lástima, porque me gustaría.
La verdad, es que a veces uno tiene la tentación de pensar que el idioma más hablado en Mallorca y sus costas es, burla burlando, el alemán. Mi experiencia es que hay muchos establecimientos en la enorme bahía de Alcudia en los que cuesta cierto trabajo que te entiendan bien si no hablas ese idioma. Naturalmente, eso no es ningún problema. Hay por lo general mucha profesionalidad en la gente que atiende esos bares y restaurantes y saben cómo hacer para entenderse perfectamente contigo y con tus euros, aunque tu idioma materno sea el swahili. Las disputas lingüisticas pierden mucha virulencia por lo general cuando entran de verdad en juego los intereses económicos. En Mallorca, tierra de paso y de comercio durante milenios, eso es un dogma.
Como es lógico, en la Mallorca rural, en sitios como Sa Pobla o Sineu, pongamos por caso, todo el mundo habla naturalmente mallorquín. Y a mí me encanta cómo lo hacen. Suena fuerte, gutural, lleno de musicalidad, con una entonación que a veces me recuerda al dialecto de los sicilianos o los calabreses. Muy distinto del catalán que escucho en Reus, por ejemplo.
Yo, como siempre hago, trato de aprender algunas palabrejas o expresiones locales. Intento memorizar las frases o términos que a mi modo de ver mejor sinteticen el alma local, su especial forma de pensar. Usadas en el momento adecuado, suelen hacer maravillas.
Por ejemplo, he aprendido a decir, “Ja diré coses”, esto es, “ya te diré algo”. Esto es una frase estupenda que los mallorquines utilizan para indicar, indirectamente, que no tienen el menor interés en proseguir una negociación o avanzar en discutir los términos de un trato. Es deliciosamente sutil. Muy propia del estilo indirecto de pensar y de hablar que los siglos han forjado en pueblos como el mallorquín, tan expuestos a las tribulaciones de la Historia.
Otra frase muy útil y muy mallorquina es “no havíem quedat en res”, o sea, “no habíamos quedado en nada”. Es super útil para ir “navegando” por la vida, sin que nadie pueda reprochártelo y sin incurrir en ningún compromiso, como un buen marinero de la prestigiosa Escuela Náutica Mallorquina.
También conviene aprender, si se quiere captar a través de los idiotismos el alma del mallorquín, la expresión “i ara aqueix que vol!”, o sea, “¡ahora qué será lo que quiere ese!”. Es una frase que viene muy bien para expresar desconfianza y cierto desprecio orgulloso hacia las pretensiones de los otros. Esto es extremadamente mallorquín.
Me gusta muchísimo también la expresión genuinamente mallorquina de “passar pena”, que simboliza esa especie de melancolía controlada y nada dramática muy propia de los isleños. Es un enfoque genial. Lo paso mal, pero saldré de esta.
Sin embargo, mi favorita entre las expresiones mallorquinas es sin la menor duda, el fabuloso “tanmateix” que significa algo así como “qué le vamos a hacer” o “tanto da”. Es expresión fantástica porque simboliza a la perfección el alma fatalista y deliciosamente resignada que tiene esta isla en la que tanta impronta han dejado los musulmanes. Esa sabia resignación con la realidad de la vida es el factor clave para que esta isla se haya convertido en la isla de la calma y la felicidad.
Una felicidad tan intensa y “atmosférica” que es casi insoportable, como le prevenía con mucha razón Gertrude Stein a Robert Graves para disuadirle de venir a vivir a Mallorca. Pero seguro que Graves le contestó a la Stein con sabiduría mallorquina: ¡tanmateix!